Ante una consulta sobre cómo combatir la desnutrición, el candidato presidencial dio una respuesta confusa: sostuvo que el problema era la falta de proteínas y planteó prohibir la exportación de arándanos, pese a que no explicó una política concreta ni una estrategia nutricional clara.

La respuesta abrió cuestionamientos tanto en el plano social como económico. La desnutrición, especialmente la infantil, requiere estrategias integrales vinculadas a salud pública, seguridad alimentaria, acceso a agua segura, controles médicos, educación nutricional y programas focalizados. Sin embargo, Humala redujo el problema a una explicación confusa sobre las proteínas y evitó precisar mecanismos de intervención, presupuesto, población objetivo o resultados esperados.

La mención a los arándanos también generó preocupación en el sector productivo. Perú es uno de los principales exportadores mundiales de esta fruta y el rubro representa una fuente importante de divisas, empleo agrícola y dinamismo regional. En 2025, las exportaciones peruanas de arándanos frescos alcanzaron los USD 2.457 millones, según cifras oficiales citadas por medios especializados y el Midagri. 

La propuesta vuelve a poner bajo la lupa la cercanía política entre Humala y Roberto Sánchez. En las últimas semanas, ambos han sido vinculados en el marco de la campaña de Juntos por el Perú, mientras distintos reportes periodísticos han señalado coincidencias y tensiones alrededor del rol del dirigente etnocacerista en el entorno político del candidato. 

En ese escenario, las declaraciones de Humala no solo impactan por su contenido, sino también por el efecto político que generan sobre Sánchez. La falta de claridad frente a un problema tan sensible como la desnutrición, sumada a una propuesta que podría afectar a uno de los sectores agroexportadores más importantes del país, instala nuevas dudas sobre la solidez técnica del proyecto que busca llegar al gobierno.