La gastronomía continúa siendo uno de los principales motores culturales y turísticos del Perú, y el ceviche volvió a ocupar un lugar central en campañas de promoción nacional. Restaurantes y gobiernos regionales impulsaron rutas gastronómicas que buscan atraer visitantes hacia distintas ciudades costeras.

En regiones como Piura, Chiclayo y Arequipa, el turismo culinario comenzó a mostrar signos de recuperación y crecimiento. Los festivales gastronómicos convocaron tanto a turistas nacionales como extranjeros interesados en conocer variantes regionales de platos tradicionales.

Los chefs peruanos también comenzaron a experimentar con nuevas presentaciones y fusiones culinarias, incorporando ingredientes amazónicos y técnicas contemporáneas. Esto permitió mantener vigente el interés internacional por la cocina peruana sin perder identidad local.

La expansión gastronómica beneficia además a pequeños productores pesqueros y mercados locales. El aumento del consumo impulsa cadenas económicas vinculadas a transporte, agricultura y comercio minorista, especialmente en zonas costeras donde la pesca artesanal sigue siendo fundamental.

Pese al éxito internacional, algunos especialistas advierten sobre la necesidad de proteger recursos marinos y promover prácticas sostenibles. El crecimiento del consumo de productos del mar obliga a discutir políticas de conservación para evitar impactos negativos sobre determinadas especies.