El candidato de izquierda a la presidencia del Perú aseguró que lo que atraviesa el país latinoamericano es una crisis política, marcando una diferencia respecto a otras cuestiones en la región. “No es una dictadura” afirmó en declaraciones públicas.
Roberto Sánchez volvió a instalar la discusión sobre Venezuela en el centro de la campaña peruana. El candidato de izquierda sostuvo que el país gobernado por Nicolás Maduro atraviesa una crisis política, pero rechazó definirlo como una dictadura. Su frase, pronunciada en declaraciones públicas, generó cuestionamientos inmediatos en un escenario electoral marcado por la polarización y por el peso que tienen las posturas internacionales de los candidatos.
La definición de Sánchez apunta a diferenciar la situación venezolana de otros procesos políticos de la región. Sin embargo, su lectura contrasta con los informes de organismos internacionales que vienen señalando restricciones a las libertades civiles, persecución a opositores, detenciones arbitrarias y falta de garantías electorales en Venezuela. Human Rights Watch advirtió en su informe 2026 que, tras las elecciones presidenciales de julio de 2024, las autoridades venezolanas desplegaron una fuerte represión contra manifestantes y críticos del gobierno.
La polémica también se da en medio de las dudas sobre la relación de sectores de Juntos por el Perú con el chavismo. En los últimos días, medios peruanos difundieron información sobre dirigentes del espacio que habrían viajado a Venezuela y sobre una carta vinculada al partido dirigida a Nicolás Maduro. Esos antecedentes fueron utilizados por sus adversarios para cuestionar la orientación política que podría tener un eventual gobierno de Sánchez.
El caso venezolano sigue siendo uno de los temas más sensibles de la política latinoamericana. La Organización de Estados Americanos rechazó en 2024 la validación de los resultados electorales por parte del Tribunal Supremo de Justicia venezolano y señaló que el Consejo Nacional Electoral no publicó resultados desagregados mesa por mesa, un punto clave para garantizar transparencia.
En ese contexto, la frase de Sánchez no solo funciona como una declaración sobre política exterior, sino también como una señal hacia el electorado peruano. Mientras sus simpatizantes pueden interpretarla como una postura de no intervención y reconocimiento de la soberanía venezolana, sus críticos la presentan como una minimización de los abusos denunciados por organismos de derechos humanos. La discusión, lejos de cerrarse, promete seguir ocupando un lugar central en la campaña rumbo a la segunda vuelta.





