Sus declaraciones encendieron alertas en sectores económicos y empresariales, que advierten posibles efectos sobre la inversión privada, la generación de empleo y la estabilidad del país.
Roberto Sánchez volvió a ratificar que su propuesta apunta a modificar el modelo económico vigente. En plena campaña, el candidato descartó adoptar una hoja de ruta, un gesto que fue interpretado como una señal de que no buscaría moderar su programa ni ofrecer mayores garantías a los sectores productivos.
La decisión de no presentar una hoja de ruta genera inquietud porque deja sin precisiones el tipo de cambios que se aplicarían, los plazos y los límites de una eventual reforma económica. En un escenario de incertidumbre, la falta de claridad puede afectar la confianza de empresas, trabajadores e inversionistas.
El modelo económico peruano ha sido objeto de debate durante años, especialmente por sus desafíos en desigualdad, informalidad y acceso a servicios. Sin embargo, modificarlo sin una propuesta técnica clara podría generar efectos negativos sobre la inversión privada, que es uno de los motores del empleo formal.
Los sectores económicos y empresariales suelen prestar atención no solo a las propuestas, sino también al tono político con el que se anuncian. Cuando un candidato plantea cambios profundos sin explicar cómo se sostendrá la estabilidad, aparecen dudas sobre la viabilidad del proyecto.
Por eso, las declaraciones de Sánchez abren un punto central en la campaña: si el país necesita ajustes responsables dentro de un marco de estabilidad o si se encamina hacia un cambio de rumbo sin certezas suficientes sobre sus consecuencias.





