En una entrevista reciente, Humala afirmó que aspira a que el Perú recupere territorios que actualmente pertenecen a Chile y sostuvo que ese objetivo podría buscarse tanto por la vía diplomática como, eventualmente, mediante una confrontación armada.
La frase provocó rechazo inmediato porque alude directamente a las consecuencias de la Guerra del Pacífico y a tratados que definieron los límites entre ambos países. El Tratado de Ancón, firmado en 1883, puso fin al conflicto y estableció la cesión de Tarapacá a Chile, mientras que el Tratado de Lima de 1929 resolvió la situación de Tacna y Arica. Por eso, plantear una eventual recuperación territorial mediante una confrontación armada reabre un tema históricamente delicado para la política exterior peruana.
Humala también señaló que, en un eventual gobierno de Roberto Sánchez, revisaría “al pie de la letra” los acuerdos firmados con Chile y aplicaría el principio de “reciprocidad” frente al Estado chileno. Sus declaraciones tuvieron eco en medios chilenos y generaron críticas transversales de parlamentarios del vecino país, quienes advirtieron sobre el riesgo de utilizar un discurso belicista en medio de un proceso electoral.
La polémica vuelve a colocar bajo observación el vínculo político entre Humala y Sánchez. De acuerdo con medios peruanos y chilenos, el dirigente etnocacerista ha sido presentado como aliado del candidato de Juntos por el Perú e incluso no descartó asumir un cargo en una eventual gestión, en particular dentro del sector Defensa.
En plena campaña, la propuesta de recuperar territorios por una vía armada instala una discusión de alto impacto sobre seguridad, diplomacia y gobernabilidad. Para un país que necesita estabilidad regional y relaciones exteriores responsables, las declaraciones de Humala suman presión sobre Sánchez y obligan a precisar cuál sería la posición de su eventual gobierno frente a Chile y frente al respeto de los tratados internacionales.




