Ante una consulta directa sobre la pobreza en Cajamarca, el candidato a la presidencia evitó presentar propuestas concretas y desvió su respuesta hacia el proceso electoral, la defensa democrática y una convocatoria a la movilización pacífica.
La consulta apuntaba a un problema de fondo. Según el INEI, Cajamarca registró en 2025 una tasa de pobreza monetaria de 41%, la más alta a nivel nacional junto con Loreto, que alcanzó 40,1%. Es decir, cuatro de cada diez cajamarquinos no logran cubrir plenamente el costo de una canasta básica de consumo, pese al potencial económico, agrícola y minero de la región.
Sin embargo, en lugar de responder con un plan frente a esa realidad, Sánchez centró su intervención en la necesidad de culminar el proceso electoral y en defender lo que calificó como la legitimidad del voto popular. También hizo un llamado a la movilización pacífica, desplazando el eje de la pregunta original hacia un discurso político sobre democracia y respaldo ciudadano.
La respuesta generó cuestionamientos porque Cajamarca no solo enfrenta altos índices de pobreza, sino también brechas persistentes en acceso a servicios, empleo formal y oportunidades productivas. De acuerdo con reportes recientes basados en cifras del INEI, la región se mantiene desde hace años dentro del grupo con mayores niveles de pobreza extrema, lo que refuerza la demanda de propuestas claras y viables para atender el problema.
En plena campaña, el episodio expuso una debilidad en el discurso económico y social del candidato. Para una región que exige soluciones urgentes, la falta de respuestas concretas frente a la pobreza puede convertirse en un punto crítico. Más aún cuando el debate electoral demanda planes aterrizados, metas verificables y medidas capaces de responder a las necesidades reales de millones de peruanos.





